Cínico, enfermizo y aterradoramente revelador se presenta al lector y televidente Golpeando las puertas de la TV de Julián Gorodischer. Y no está demás destacar, como lo hace Daniel Molina en el prólogo, que no hay mejor halago para esta investigación periodística que calificarla de divertida.
A veces de cholulo, otras de integrante de los insoportables fan club, como historiador de las etapas cronológicas del entretenimiento televisivo, o como intruso en una escuela de actores, Gorodischer conserva siempre un picante espíritu crítico hacia este universo lleno de falsedades y vacío de contenidos.
Pero a pesar de todo, lo entiende. Se mete en los zapatos de los hipnotizados, tontitos o bofes porque en realidad se siente parte de ellos, porque, como el mismo confiesa, también derramó algún día un vaso de gaseosa en el sillón hogareño, embobado por las luces de la maldita caja.
La esperanza de ser alguien y a la vez nadie, de la fama rápida y el aire de superioridad por la superioridad misma, todo un estilo de vida. En las entrevistas realizadas y en los cronistas caracterizados sale a la luz ese denominador común (y a veces más que común ordinario) que paradójicamente pretende escapar hacia lo raro o al menos lo infrecuente, para salir por un momento de la mediocre vida rutinaria.
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