El conflicto quedó zanjado hace más de 125 años. Los reclamos bolivianos por una salida soberana al Océano Pacífico, perdida en 1879 a manos de Chile en la Guerra del Pacífico, han sido vanos durante todo ese tiempo y aunque las relaciones entre ambos países son las mejores en décadas, el litigio de Perú ante La Haya por los límites marítimos del territorio de Arica, que le pertenecía antes de perderlo en dicha guerra, y el clima pre-electoral en el país trasandino, la votación se llevará a cabo el 13 de diciembre de 2009, impiden una solución a corto plazo al enclaustramiento boliviano. Para Evo Morales las prioridades cambiaron.
"Tarde o temprano vamos a tener salida al mar y más temprano vamos a tener salida al Océano Atlántico por el río Paraguay-Paraná", había afirmado el gobernante boliviano y no se ha quedado sólo en las palabras. Morales y su par uruguayo, Tabaré Vázquez, han llegado en julio a un acuerdo para facilitar la salida al Océano Atlántico, hidrovía Paraguay-Paraná mediante, por los puertos uruguayos a cambio de suministro de gas boliviano en condiciones preferenciales a la nación oriental.
El acuerdo incluye a los puertos de Montevideo y Nueva Palmira que tendrán la condición de francos, es decir, serán centros de distribución y las mercancías bolivianas en tránsito tendrán almacenaje liberado, cosa que no se da en el puerto chileno de Arica en el Pacífico, que es utilizado por Bolivia. Solo falta desarrollar de manera conjunta el reglamento operativo portuario.
Sin embargo, este avance no es sino un parche para el problema boliviano. Alvaro Seda Reyda, agregado cultural de la embajada boliviana en Argentina, afirmó que lo conveniente para su país es conseguir un corredor soberano y que la salida al Atlántico presenta dificultades: “A lo largo de nuestra historia se habían generado ya acuerdos para hacer más atractiva la hidrovía para Bolivia, pero no hay operatibilidad en los puertos. La solución no está en el libre almacenamiento sobre los puertos francos ya que el problema es que en Bolivia no hay capacidad de almacenaje”.
Para superar ese inconveniente, Evo Morales ha decidido acelerar la remodelación de Puerto Busch, que a diferencia de los demás, está ubicado directamente sobre el río Paraguay por lo que desecha la necesidad de atravesar Brasil por el Canal Tamengo; y para unir este lugar con Puerto Suárez se construirá una ruta de 140 kilómetros. Esta medida apunta a facilitar la exportación de minerales desde El Mutún, uno de los yacimientos de hierro y magnesio más importantes del mundo.
A pesar de esto, Adolfo Koutoudjian, geógrafo de la U.B.A. e investigador del Centro de Estudios Estratégicos de la Armada Argentina, afirmó que Bolivia está perdiendo en el Pacífico uno de los mercados más interesantes de esta coyuntura económica y que si las condiciones de almacenaje de los puertos por hidrovía son claramente superiores a las de un puerto del pacifico también hay que analizar la variable de los costos que son muchísimo más elevados. La solución al enclaustramiento parece lejos.
Cambia el panorama para el gas boliviano
El mentado acuerdo para dar los puertos francos de Montevideo y Nueva Palmira a Bolivia a cambio del suministro de gas a Uruguay tendría un principal damnificado: La Argentina, ya que perdería el status de proveedor de gas hacía el país oriental y hasta podría perderlo con respecto a Chile. Además, cabe destacar que los oferentes se multiplicarían para el mercado del gas boliviano y esto permitiría negociar los precios de una forma más conveniente al país del altiplano.
“Uruguay prácticamente ya es un hecho y Chile es una alternativa para Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), más allá de las diferencias entre ambas naciones, nos han ofrecido el doble de lo que están pagando Brasil y Argentina”, dice Rita Vazzano, presidente de YPFB en Argentina. Las estrategias de la estatal para repuntar el mercado ya habían comenzado desde el 2005, cuando Argentina y Brasil, los dos compradores del gas boliviano, restringieron su demanda.
Hoy Bolivia considera seriamente saltear la polémica y comenzar a vender el combustible a Chile, a pesar de que esto no sería bien visto por la población ya que está estrechamente arraigada en el sentir popular la cruzada histórica por una salida al mar que llevó a que se acuñara la frase: “A Chile, ni una molécula de gas”.
Tanto Chile como Uruguay dependen en la actualidad de Argentina para el suministro de su gas, y en los últimos años su abastecimiento se ha visto interrumpido por los problemas energéticos en ese país. Un acuerdo con Bolivia podría poner fin a esa dependencia, diversificar la matriz energética de ambos países y también permitiría corregir los bajos precios para el gas boliviano, pero no está del todo clara la posibilidad real de Bolivia de cumplir este compromiso.
Adolfo Koutoudjian, descree de las posibilidades de Bolivia de cumplir con lo pactado: “Bolivia ni siquiera puede cumplir con aprovisionamiento de gas que tiene pactado con Brasil y Argentina, mucho menos podrá abastecer a nuevos mercados teniendo en cuenta que desde hace 2 años que no realiza exploración alguna”.
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